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El acoso escolar, NO es una opción

No normalicemos el acoso escolar. No es una opción.

Los padres somos los que podemos ayudar a nuestro hijo, mejor que nadie.

 

Conocemos sus múltiples virtudes, sus defectos, su carácter, lo que les produce felicidad, tristeza. Sin embargo, algo va a ocurrir que va a alterar esa relación, nuestro hijo crece y su comportamiento también crece y cambia. Dejar la infancia no es fácil, es abrir los ojos a una realidad menos rosa, y darse cuenta de que la vida no es tan bonita, se hacen conscientes de un entorno en muchos casos doloroso, se empiezan a hacer preguntas y no entienden este mundo tan complicado. Dejan de tener el control y sus padres ya no son los mejores…

Sin embargo, no podemos excusar un cambio radical en su comportamiento, pensando que son típicos de la edad, porque no siempre es así.

Observarlo es lo que nos puede decir cómo se encuentra nuestro hijo. Hay que ver de qué humor llega del colegio, cuáles son sus amigos, con quien se pelea o enfada, cambios de humor, una repentina falta de respeto, cambio de comportamiento, empeoramiento en las notas, nuevos miedos, todo es indicativo de que nuestro pequeño está pasando por algo, quizá sea parte del ciclo natural de su edad y quizá no.

 

El maltrato en los colegios es por desgracia, habitual, pero no debemos verlo como tal, sino como un fallo en la educación que hay que cambiar. Es un comportamiento que busca hacer daño y que se repite a lo largo del tiempo. Es destructivo, humillante, algo que se repite y duele no podemos catalogarlo como ‘cosa de críos’, es un maltrato en toda regla. El maltrato no es solo el daño físico, también es la intimidación psicológica, el insulto verbal, el rechazo social.  Y siempre repercute en el comportamiento del acosado, por ello es tan importante la observación.

 

Los niños que pasan por esta experiencia traumática sufren una gran inseguridad.

Su comportamiento cambia, unos se sienten ansiosos, reaccionan de manera agresiva y desafiante. Otros, sin embargo, sufren en silencio el ataque del agresor, encerrándose en sí mismos.

 

No cometamos el error de pensar: ‘Si no llegan quejas del colegio, es que todo está bien’.

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Promoción de Navidad – Cuentos Inteligentes

 

Aprovecha la promoción de navidad, para adquirir la colección de cuentos inteligentes a un precio muy rebajado.
Pensado para divertir y guiar a los niños y niñas que dan sus primeros pasos en el complicado mundo del colegio.

Novedad: nuestros productos llegan a cualquier parte del mundo.
Si tienes algún sobrino o nieto lejos, siéntelo más cerca con un buen regalo.
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El color de los cuentos está en el mensaje

Me encanta pasearme por las librerías, sentir el latido de cada libro que me llama desde el interior de sus hojas. Sus protagonistas susurran y yo los quiero coger todos.

Hay un lugar en especial donde los libros se transforman en arco iris de colores. La ilusión de un niño está dentro. Son los cuentos infantiles.

Me deslumbran sus coloridos, las caras regordetas de los personajes. Me entran ganas de llevármelos y repartidlos a diestro y siniestro, pero…

¿Te has preguntado alguna vez que estamos regalando en realidad? De una cosa no nos podemos olvidar, nuestros niños se están formando, acaban de empezar su vida y todo es nuevo para ellos, su mundo está lleno de descubrimientos, son esponjas que absorben por todas partes, de lo que ven, de lo que viven, de lo que escuchan y también de lo que LEEN.

No nos limitemos a una bonita portada, vamos a regalarle también el mensaje que hay dentro.

Por suerte, cada vez hay más cuentos comprometidos con la igualdad y los valores. Y más padres concienciados.

En nuestra niñez, no existían los cuentos que ayudan a formar una vida de calidad:

Ya no soy aquella princesa desvalida que espera a su príncipe azul, pero una vez lo fui…

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¿Cuántas veces has nacido?

¿Qué es nacer? Se puede nacer de muchas maneras y nacer muchísimas veces. Cada vez que algo en tu vida cobra un nuevo sentido, cada vez que lo inesperado llama a tu puerta. Se puede nacer cuando decides que salir por una ventana es mucho más divertido. Cuando dejas de caminar en el sentido de las agujas del reloj y abandonas la circunferencia para crear un eclipse.

Me encantaría nacer una y otra vez, pero nacer feliz.

Esta es la historia de dos emprendedoras que se reinventaron. Y no por culpa de la crisis, sino gracias a ella.

El agotamiento por la escasez laboral, cinco años estudiando psicología, dedicados a un futuro que se estanca tras puertas cerradas. Y es que, ‘no hay trabajo’. Donde dejar esa energía que les mueve, los deseos de ser útil, de abrirse camino, esa ambición por la excelencia. ¿Cómo se apacigua la energía y las ganas de hacer?

La derrota nunca fue una opción para estas jóvenes emprendedoras.

Nunca se levantaron, porque nunca se cayeron. Empezaron como tantos otros, de voluntarios donde y como podían. Se llenaron de gratitud y experiencia, pero no de un sueldo del que vivir. Dos años estuvieron colaborando en una fundación, que trabaja con niños con trastornos del espectro autista.

Estas dos jóvenes: malagueña y gaditana, necesitaron solo una idea, una buena idea en la que nadie había pensado antes. Y crearon la empresa Divexa, donde desarrollan y potencian al máximo las habilidades y fortalezas de los niños especiales: con trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad, altas capacidades intelectuales, trastorno espectro autista, síndrome DOWN. La diferencia es que lo hacen mediante un trato personal, esa es su fortaleza, se desplazan hasta la misma casa del niño, en un entorno conocido y cómodo para él. De ahí, su singularidad. Es un encuentro de tú a tú.

Es imprescindible que el profesorado esté preparado para conseguir que todos los niños se sienta bien. Divexa, también imparte talleres al profesorado, para que este siga manteniendo su profesionalidad y calidad de enseñanza, también en situaciones especiales.

En todos los colegios, hay niños con problemas comunes. Hablo de: acoso escolar, trastornos alimenticios, manejo de la ansiedad, … los centros, en general, no están preparados para combatir de una forma óptima y sin que el alumno salga perjudicado, este tipo de problemas.

Y aquí es donde volvemos a nuestras dos jóvenes, que de pronto se ven tan necesarias. Ellas con su conocimiento y experiencia, imparten en los centros escolares, talleres y cursos para enseñar a alumnos y profesores a combatir estos obstáculos, que pueden llegar a ser una carga importante para el niño, el colegio y la sociedad.

La misma línea siguen al impartir talleres de técnicas de estudio, enfocándose en lo más importante para ellas: que el alumno vaya hacia adelante.

Una de sus últimas colaboraciones fue en la asociación Autismo sur, en un taller de ocio inclusivo con los niños de respiro familiar.

Cuando a ellas les preguntas ¿Os gustaría colaborar? Ya tienen un sí preparado. Como hicieron cuando les pedí que colaboraran con mi línea de Cuentos Educativos-Infantiles, (‘Quejoncete y Soñador’, ‘¡Qué susto!’,…).

Hay personas que llevan la profesión en el alma. Estas dos jóvenes, son un ejemplo de ello. Lo demuestran día a día implicándose en mejorar la sociedad de una forma voluntaria y generosa. Ahora, ellas abren puertas, que otros en su lugar habrían cerrado.

Tania y María José, emergieron de sus cenizas, como el fénix, de un: ‘ya no puedo caer más bajo’, en un país en declive. Y ahora se dedican a lo que más les gusta hacer en la vida: ayudar.

Estas jóvenes psicólogas volvieron a nacer con este proyecto, pero también vuelven a nacer los niños a los que tratan. De pronto, aprender, se reduce a la forma correcta de trasmitir… qué bien se siente uno cuando le entienden…

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Lágrimas de Algodón de Azúcar

Luisa estaba tan cansada, que su tercer bostezo ocupó casi toda su cara.

Pedro, sentado a su lado e igual de aburrido, abrió también la boca tanto como ella. En medio de su bostezo vio como una lágrima de sueño caía por la mejilla de Luisa y otra estaba a punto de salir.

–¿Puedo probar tus lágrimas? –le preguntó, casi emocionado.

Luisa le miró extrañada.

–Es que nunca he probado una lágrima que supiera a algodón de azúcar.

–Mis lágrimas son saladas, como las tuyas –se rió Luisa.

–No es verdad –se enfadó Pedro– mi padre dice que las niñas pueden llorar porque sus lágrimas saben a algodón de azúcar y los niños no lloran porque sus lágrimas son saladas.

Luisa cogió la mano de Pedro y mojó uno de sus dedos con la lágrima que acababa de salir.

–Pruébala –le invitó.

Pedro se metió el dedo en la boca, convencido de que la lágrima sería dulce. Primero puso cara de sorpresa y después sonrió.

–¡Somos iguales! –Pedro se sentía feliz–, qué tontería, lágrimas de algodón. Se lo tengo que contar a papá, ahora podrá llorar cuando quiera.

 

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